Científicos cargan nubes con electricidad para provocar lluvias

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Con un clima desértico y áspero, y lluvias promedio de apenas 10 centímetros al año, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) necesitan más agua dulce. En busca de una solución, el país financia proyectos científicos de todo el mundo para intentar que llueva.

Uno de estos proyectos consiste en utilizar catapultas para lanzar pequeñas aeronaves no tripuladas que disparan una carga eléctrica a las nubes.

Inicialmente, un equipo de científicos de la Universidad de Reading, en el Reino Unido, propuso la idea en 2017. Ahora, los drones construidos a la medida comenzarán pronto las pruebas cerca de Dubái.

La idea es que, si se cargan las gotas de las nubes, es más probable que caigan en forma de lluvia.

«Se ha especulado mucho sobre lo que la carga podría hacer a las gotas de las nubes, pero hay muy poca investigación práctica y detallada», dice Keri Nicoll, una de las principales investigadoras del proyecto.

El tamaño de las gotas de lluvia es importante

El objetivo tiene como objetivo determinar si la tecnología puede aumentar el índice de lluvias en regiones con problemas de agua.

El equipo de Nicoll empezó por modelar el comportamiento de las nubes. Descubrieron que, cuando las gotas de las nubes tienen una carga eléctrica positiva o negativa, es más probable que las gotas más pequeñas se fusionen y crezcan hasta convertirse en grandes gotas de lluvia.

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Asimismo, el tamaño de las gotas de lluvia es importante, dice Nicoll, porque en lugares como los EAU, donde hay muchas nubes y altas temperaturas, las gotas suelen evaporarse al caer.

«Lo que tratamos de hacer es que las gotas dentro de las nubes sean lo suficientemente grandes como para que, cuando caigan de la nube, sobrevivan hasta la superficie», agrega Nicoll.

Probar el modelo

drones lluvias

Las aeronaves no tripuladas del proyecto, que son como las de la foto, llevan sensores y emisores de carga. (Cortesía de Keri Nicoll).

La propuesta fue elegida para recibir una financiación de US$ 1,5 millones, que se dividirá a lo largo de tres años, de parte del Programa de Investigación de la Ciencia de la Lluvia, una iniciativa del Centro Nacional de Meteorología.

Para probar el modelo, Nicoll y su equipo construyeron cuatro drones de dos metros. Se lanzan desde una catapulta, tienen un sistema de piloto automático completo y pueden volar durante unos 40 minutos.

Cada aeronave tiene sensores para medir la temperatura, la carga y la humedad, así como emisores de carga —la parte que realiza la carga de electricidad— que se desarrollaron con la Universidad de Bath en el Reino Unido.

Hasta ahora, se han realizado pruebas en el Reino Unido y Finlandia, y se han tomado medidas desde tierra de las propiedades de las nubes en los EAU. La investigación se publicó en el Journal of Atmospheric and Oceanic Technology.

Debido a la pandemia, el equipo de Nicoll no pudo viajar a los EAU, por lo que entrenaron a operadores de una escuela de vuelo de Dubái para que utilicen sus drones. Ahora están esperando las condiciones meteorológicas adecuadas para completar las pruebas.

Las gotas de lluvia no son exclusivas de la Tierra 0:46

Siembra de nubes y avances en los EAU

A medida que el cambio climático altera los patrones meteorológicos, lo que provoca graves sequías en algunos lugares e inundaciones en otros, crece el interés por saber cómo controlar el clima. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés), dos tercios de la población mundial podrían sufrir escasez de agua en 2025.

Aunque el proyecto de la Universidad de Reading finaliza este año, Nicoll quiere que los proyectos futuros combinen la carga eléctrica de nubes con la siembra de nubes, una técnica de modificación del clima en la que drones inyectan partículas de yoduro de plata o sal en las nubes para propiciar lluvia o nieve.

Nicoll afirma que el uso de partículas de sal cargadas con electricidad podría hacer más eficaz la siembra de nubes.

Por su parte, Alya Al Mazroui, directora del Programa de Investigación de los Emiratos Árabes Unidos para la Ciencia de la Mejora de la Lluvia, dice que la organización ya está experimentando con la siembra de nubes.

«Cada vez más países invierten en la investigación y las aplicaciones de la modificación de las condiciones climáticas, sobre todo los que se encuentran en regiones áridas como los EAU», afirma.

Los EAU realizaron 242 misiones de siembra de nubes en 2017, según el Centro Nacional de Meteorología. En 2018, Al Mazroui declaró a CNN que la estimulación de la lluvia podría ofrecer una solución más rentable y ecológica para la seguridad del agua que otras alternativas como la desalinización, en la que se extrae la sal del agua de mar.

Sobre lo anterior, los EAU tienen una de las mayores operaciones de desalinización del mundo, con enormes cantidades de salmuera producida como subproducto. Pero vertir salmuera en el mar puede dañar la vida marina.

¿Es efectiva la siembra de nubes?

Otros países que han invertido mucho en la siembra de nubes son Estados Unidos y China. Este último anunció el pasado mes de diciembre que ampliaría su programa de modificación del clima para cubrir un área de más de 5,5 millones de kilómetros cuadrados.

Aunque el concepto de siembra de nubes existe desde hace décadas, hay pocas investigaciones que demuestren su eficacia. Un estudio financiado por la Fundación Nacional de la Ciencia de EE.UU. a principios de 2020 descubrió que la siembra con yoduro de plata podía aumentar las nevadas.

Pero hay dudas sobre si sembrar nubes en un lugar podría quitar la lluvia de otro lugar, y los impactos ambientales a largo plazo del yoduro de plata. Además, el proceso es muy caro.

«Todavía queda mucho camino por recorrer para comprobar la eficacia de la modificación meteorológica mediante la siembra de nubes para aumentar las lluvias», afirma Nicoll.

Sin embargo, es posible que pronto estemos un paso más cerca de averiguar la eficacia de la carga eléctrica de nubes.