Putin justifica su invasión a Ucrania

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En el kilométrico discurso que resalta las raíces históricas comunes de Rusia con Ucrania, Vladimir Putin afirmó que la creación del efímero Estado ucraniano en 1922 fue un invento del líder bolchevique Vladimir Lenin y, como si no fuera suficiente, agregó que Ucrania no era un Estado.

Vladimir Putin es un abogado de formación y exjefe del contraespionaje de la KGB en Dresde, Alemania, hasta la caída del muro de Berlín en 1989; luego, con la disolución de la Unión Soviética (URSS), inició su fulgurante ascensión política junto a Boris Yeltsin y tras la renuncia del primer presidente de la Rusia post URSS en 1999, fue nombrado presidente interino hasta su elección en marzo de 2000 y reelegido en 2004 hasta 2008. 

Durante sus dos períodos sucesivos, Putin mejoró la situación económica de Rusia. La Constitución prohibía entonces un tercer mandato consecutivo y designó a su correligionario Dimitri Medvedev candidato de su partido Rusia Unida. Medvedev fue elegido y designó a Putin Primer ministro. En su lucha por dar a Rusia la grandeza de antaño, al nuevo Zar del siglo XXI no le tembló el pulso para deshacerse de algunos opositores deportar a la Siberia a grandes magnates del petróleo; también se le acusa de haber envenenado con polonio-210 al periodista Alexandre Litvinenko que había publicado obras en las que denunciaba las malas artes del presidente ruso para llegar al poder; de haber ordenado el asesinato de la defensora de los derechos humanos Anna Politkóvskaya en 2006. Crímenes horrendos a la manera de los que cometió Stalin fuera de la URSS, verbigracia el asesinato del hijo de Trotsky en París y luego del mismo Trotsky en México en 1940. Crímenes producto de la intolerancia de ciertos gobernantes inclinados al totalitarismo y a la permanencia en el poder a como dé lugar.

El afán de Putin por devolver a Rusia su gloria de antaño comenzó en las narices de la Unión Europea (UE), Estados Unidos (EE.UU.), la OTAN y el mundo occidental cuando anexó la estratégica península de Crimea en 2014. Su primer ensayo expansionista anunciaba ya lo que sucede hoy día con Ucrania, al intentar protegerse adhiriendo a la UE y a la OTAN. Hubo protestas de Estados Unidos, Unión Europea y OTAN, pero como dicen “los perros ladran, pero la caravana pasa”.

La historia no se repite, es cierto; pero tartamudea. Sesenta años después estamos asistiendo de nuevo a una crisis similar a aquella de los misiles de octubre-noviembre de 1962. En aquel entonces se enfrentaban los gobernantes John Kennedy, de EE.U. y Nikita Jhrushov, de la URSS. Los motivos difieren en que en 1962 era la URSS que actuaba en defensa de la Cuba revolucionaria; hoy son Estados Unidos y sus aliados europeos los que acuden en ayuda de Ucrania amenazada, como Crimea, de ser anexada a la Federación de Rusia. Ucrania ha anunciado su solicitud de adhesión a la Unión Europea y al Tratado del Atlántico Norte (OTAN), para protegerse del expansionismo imperialista de Putin y Ucrania, en tanto signataria del Tratado instalaría bases de la OTAN en la frontera con Rusia.

Rememoremos pues la crisis de los misiles.

Luego de la invasión de playa Girón organizada y financiada por Kennedy contra la Revolución cubana en abril de 1961, Fidel Castro con la finalidad de protegerse contra eventuales agresiones del poderoso del Norte, pidió ayuda a sus aliados soviéticos y permitió la instalación de misiles nucleares en Cuba a unas cuantas millas de EE.UU. Se temió entonces una guerra nuclear; pero la sensatez de ambos gobernantes se impuso: la URSS retiró sus misiles de Cuba y EE.UU. se comprometió a nunca más invadir Cuba. La amenaza de tercera guerra mundial se disipó entonces y dio origen a la instalación de la famosa línea directa entre la Casa Blanca y el Kremlin, el famoso “teléfono rojo”.

Durante la crisis americano-soviética nunca, aunque estuviera implícito, fue evocado el uso de armas nucleares. Hace apenas unos días, Vladimir Putin, al constatar que la invasión a Ucrania no tuvo los resultados que se esperaban luego de una semana de bombardeos y combates en el terreno, de cuantiosas bajas en las filas del Ejército Rojo, el presidente ruso recordó a las potencias extranjeras que poseía armas nucleares de largo alcance. La amenaza aterra al mundo occidental porque sabe que el dirigente ruso es capaz de lo peor. Sin embargo, todo parece indicar que Vladimir Putin permitirá la entrada de Ucrania en la Unión Europea sin adhesión a la OTAN a cambio de que se le reconozca la anexión de la Crimea en suspenso desde 2014.

El ex agente de la KGB en Dresde no parece recordar que los afanes de Adolf Hitler por ampliar el espacio vital del Tercer Reich que, según pregonaba a los cuatro vientos, iba a durar mil años, se redujeron a doce. Las  dictaduras necesitan conquistar para exacerbar el orgullo nacionalista de su pueblo, en su afán de expansión del espacio vital y de las riquezas de los territorios conquistados, pierden la perspectiva y son víctimas de lo que los griegos llamaban la “hybris”, suerte de orgullo desmesurado que sólo contribuye a la pérdida de escucha el canto de sirena.