No habrá ganadores en el conflicto de Rusia y Ucrania

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La guerra es un fracaso. El fracaso del diálogo, del consenso, de la mediación, de la negociación, de la diplomacia, de las buenas intenciones.

La guerra es muerte, destrucción, sangre, fuego, lágrimas. Es hambre, acoso, abandono, separación, desplazamiento, lucha, miedo, injusticia.

La guerra divide. Familias, bandos, partidos, naciones, aliados, opiniones.

La guerra se ceba contra los más débiles. Pobres, niños, ancianos, enfermos, personas con discapacidad que no pueden salir con la misma prisa que otros, o que los dejan atrás.

El fruto de la guerra es orfandad, viudez, miseria y muchas cruces diseminadas por el campo, los que tuvieron la suerte de ser enterrados. Miles de sueños truncados y una juventud perdida, traumada, perseguida por el sonido de las balas y el grito de los heridos.

La guerra no soluciona nada. En el mejor de los casos, impone.

La guerra no tiene razones. En el peor de los casos, justificaciones.

Hace apenas una semana, el mundo despertó con la noticia de la invasión rusa sobre Ucrania. Aunque el líder ruso tenía meses amenazando con acciones militares, nadie imaginaba que la llevaría a cabo teniendo tanto que perder y tan pocas razones para justificarla.

En pocas horas, gran parte del mundo aisló a Rusia con un contundente mensaje de unidad a favor de la antigua república del bloque soviético, presidida por un ex actor y comediante que se ha convertido en un ícono de resistencia, coraje y dignidad. Su pueblo lo ha respaldado.

Putin, aun teniendo en el papel todas las de ganar, se mantiene amenazante. Tiene armas de todos los calibres y para todos los alcances. El otro día mencionó su arsenal nuclear, lo que hizo que muchos como yo, comenzáramos a dudar de su salud mental. Esas armas no se hicieron para usarse en guerras, todo lo contrario. Son la mejor disuasión ante la escalada del conflicto.

En Rusia parece que pocos entienden las razones de la invasión, ni por qué no se le dio más tiempo al diálogo. Han salido por millares a las calles, sabiendo a lo que se exponen, a manifestarse por la paz, en una ola que se extiende por toda Europa.

El pueblo ucraniano resiste bajo misiles y nieve. Han tomado las armas con lágrimas en los ojos. Saben que, en el mejor de los casos, cuando la paz se alcance, tendrán que reconstruir su país y enterrar a sus muertos. Del otro lado no ha caído una bala.

Esta invasión, transmitida en vivo por cadenas de televisión, ha venido a demostrar la inutilidad de la ONU para mediar en nada, la ineficacia de su Consejo de Seguridad que jamás votará unánime en contra de sus propios intereses, la torpeza y pasividad de grandes “líderes mundiales” y la ineptitud de otros bloques y organismos europeos que fueron incapaces de ver lo que se fraguaba bajo sus narices hasta que fue demasiado tarde. Aun teniendo tanto que perder (porque una nube radioactiva no discrimina fronteras), no se atreven a tomar acciones contundentes.

También ha demostrado el peligro de dar demasiado poder a un solo hombre, sin que existan contrapesos. Aun las democracias paren dictadores y Putin parece tener vocación para serlo. Su visión de la antigua Rusa Imperial lo ha llevado a los extremos.

Los Estados tienen derecho a declarar guerras, pero tienen obligaciones y prohibiciones resultantes del Derecho de guerra, lo que incluye evitar en lo posible objetivos civiles, hospitales, escuelas, respetando las condiciones del Derecho Internacional Humanitario. Aun en estado de guerra, hay líneas que no se cruzan y parece que aquí no hay muchos baremos morales.

Nada bueno saldrá de esto. El mundo observa afligido y toma con pinzas las noticias resultantes del sesgo y las restricciones. Putin perdió la guerra en la opinión pública y es difícil que salga por la puerta grande de la historia, que lo juzgará duramente, aunque mañana decida retirar sus tropas invasoras. El daño ya está hecho.

Este conflicto parece la recreación moderna y en streaming del enfrentamiento de David contra Goliat, solo que esta vez, aunque un bando salga invicto, difícilmente haya ganadores.