Horror trujillista fue plasmado en fotografía

0
64

A consecuencia de mi artículo del pasado 1 de abril, “Dos instantáneas de la historia dominicana”, el lector José Luis González, sobrino nieto del fotógrafo Pedro Aníbal Fuentes Berg, autor de la famosa toma en el momento en que se torturaba al guardia marina José Masón en la conocida cárcel ilegal y clandestina de la calle “40” de la entonces Ciudad Trujillo. “La primera fotografía [de la silla eléctrica inocupada como apareció en el artículo] es anónima”, escribía entonces, “pero el personaje no. Se trata de José Masón, un ex guardiamarina que había tenido el coraje de desembarcar con los expedicionarios del 14 de junio de 1959. El sabía la crueldad de Trujillo contra los que, para él, traicionaban”.

La oportuna conversación telefónica con José Luis González me permitió poner no sólo nombre al fotógrafo sino también conocer la historia de los hermanos Fuentes Berg, cuya valentía y gesto durante los últimos meses de una dictadura acorralada y agonizante, ha sido honrada con una calle en el sector Villa Juana de Santo Domingo.

Los hermanos Fuentes Berg fueron asesinados y desaparecidos en 1960 cuando los servicios represivos del régimen de Trujillo descubrieron la existencia del Movimiento Revolucionario 14 de Junio que emulaba a los valientes expedicionarios de Constanza, Maimón y Estero Hondo, un acontecimiento que iba a precipitar el ajusticiamiento del tirano el 30 de mayo de 1961.

En efecto, los negativos de la fotografía de José Masón sufriendo las torturas en la silla eléctrica artesanal de la 40 fueron sacados del país por Gilberto, hermano de Pedro Aníbal Fuentes Berg que trabajaba en el aeropuerto General Andrews de la Capital y con la ayuda de un piloto fueron entregados a dirigentes del exilio dominicano en Venezuela que le dieron la difusión internacional que merecía ese acto de barbarie apenas 15 años después del famoso Juicio a los genocidas nazis en Núremberg y en los meses que precedieron al atentado contra Rómulo Betancourt en junio de 1960. Los hermanos Berg pagaron con su vida denunciar el horror trujillista plasmado en esta fotografía a José Masón en la cárcel de la 40.

La acción de los hermanos Fuentes Berg me trae a la memoria la valiente actitud del fotógrafo español Francesc Boix, uno de los 6000 republicanos españoles (comunistas, anarquistas y opositores), que Franco deportó al campo de Mauthausen en Austria en 1941. Durante los cuatro años que el joven comunista catalán estuvo en Mauthausen fue escogido, por los oficiales del campo de concentración, para ejercer de fotógrafo de las actividades sociales de los esbirros del campo de trabajo forzado, de las recepciones, de las festividades, de las visitas de altos dignatarios “SS”, de cumpleaños de hijos y familiares de los oficiales superiores, así como de las más diversas actividades. En Boix germinó entonces la idea de conservar los negativos de sus fotos.

En los alrededores del campo de prisioneros conoció a Anna Pointner una austriaca opositora al régimen y, de acuerdo con ella, le dejaba cada vez que tenía oportunidad los negativos en el bote de la basura de su residencia.

De más de dos mil fotografías que hizo Boix sólo pudo salvar unas doscientas que, más tarde, cuando se inició el Juicio de Núremberg en octubre de 1945, el joven comunista catalán fue llamado como testigo de cargo. Gracias a sus instantáneas fue condenado a muerte Ernst Kaltenbrunner, jefe del campo de exterminio de Mauthausen, y a 20 años de cárcel Albert Speer, ministro del armamento del Reich. Ambos alegaban que desconocían la existencia de los campos de concentración.

Francesc Boix murió en París a los 31 años consecuencias de una tuberculosis atrapada en Mauthausen. Sus negativos se conservan en los Archivos de Barcelona y se han expuesto tanto en España como en Alemania y Francia. Su valor sirvió para condenar a los criminales nazi cuando se juzgó al nazismo en Núremberg en 1945.

El juicio a los asesinos de las hermanas Mirabal ha sido el único intento de juzgar la dictadura de Trujillo a través de los que tuvieron la tarea de ejecutar la cobarde instrucción de asesinar a tres mujeres indefensas en noviembre de 1960.

Expandir imagen
Infografía
El nombre de las Mirabal se ha convertido en el símbolo mundial de la lucha de la mujer. (FUENTE EXTERNA)

Recibieron la condena que estipulaba el Código penal, pero no la cumplieron. Todos, desde Víctor Alicinio Peña Rivera pasando por Ciriaco de la Rosa, Alfonso Cruz Valerio, Emilio Estrada Malleta, Ramón Emilio Rojas Lora y Néstor Antonio Pérez Terrero murieron en libertad luego de que alguien, desconocido hoy, diera la orden de liberarlos de la fortaleza Ozama en donde guardaban prisión a finales de abril de 1965.

Los torturadores de la 40, Johnny Abbes García, Luis José León Estévez, Candito Torres, para sólo citar a los más señeros, ya no son de este mundo ni pueden ser juzgados, son objetos únicamente del juicio de la posteridad y de lo que significó para los dominicanos la dictadura de Trujillo cuya crueldad se sintetiza en la fotografía de Pedro Aníbal Fuentes Berg al aterrado José Masón en la silla eléctrica.

Los torturadores de la 40, Johnny Abbes García, Luis José León Estévez, Candito Torres, para sólo citar a los más señeros, ya no son de este mundo ni pueden ser juzgados, son objetos únicamente del juicio de la posteridad y de lo que significó para los dominicanos la dictadura de Trujillo cuya crueldad se sintetiza en la fotografía de Pedro Aníbal Fuentes Berg al aterrado José Masón en la silla eléctrica.